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Descripción

Estado: b'NUEVO'


b'ADOLFO COLOMBRES'
b'ESA LUZ QUE CIEGA'
b'CICCUS'

Páginas: 144
Altura:
Ancho:
Lomo:
Peso: 0.3 kgs.
ISBN: b'9789876938723'

b'Un viejo navegante solitario que se desliza por las grietas del tiempo, ya sin barco, llega a Punta de los Lobos, un peque\xf1o pueblo marino de la Patagonia, para seguir removiendo sus cenizas. En la Posada del Silencio, donde se hospeda, conoce a Diego, otra alma devastada, al igual que \xe9l, por una turba salvaje de im\xe1genes, sensaciones, recuerdos y palabras punzantes. Ambos padecen un dolor que no intentan suprimir, por ser ya lo \xfanico que los sostiene en pie. En el caso del navegante, llamado aqu\xed \xabel Capit\xe1n\xbb, es una historia tr\xe1gica ocurrida en la provincia de Esmeraldas, Ecuador. Diego, por el contrario, es un modesto profesor de filosof\xeda que macera sus recuerdos juveniles de Tucum\xe1n y su exilio en M\xe9xico, como buscando alcanzar el fondo de lo real, aquello que lo dej\xf3 fuera del mundo para siempre.\n\nEn ese pueblo ambos conocen a Maira, una bella muchacha que arrastra la tristeza por la muerte de su madre, el asesinato misterioso de su padre y un amor sin futuro. Maira crece en sabidur\xeda con los relatos de estos dos hombres solitarios, a la vez que los empuja a rememorar su propia vida, a la que ellos consideran un fracaso. Enigmas sin resolver. Viejos deseos convertidos en mansos recuerdos. El resplandor de las costas tropicales que deviene en un tributo a Conrad. Y, sobre todo, en la expiaci\xf3n de la culpa que le toca al Capit\xe1n por haber llevado a su mujer a la muerte en los tiempos de plomo que vivi\xf3 el pa\xeds, y luego a otras tres personas humildes, cuyas muertes de p\xe1jaro dejan a su \xe9pica sin un sustento \xe9tico. Va ahora a esa costa dispuesto a morir, con un rev\xf3lver al que debe su vida.\n\nEl dolor de Diego, en cambio, no acaricia ninguna \xe9pica, y ni siquiera descoll\xf3 en su c\xe1tedra universitaria. El deseo fue para \xe9l un ave ingobernable, aunque no era de los que luchan por lo que aman, sino de quienes se dejan llevar por los vientos de la vida. Para redimirse de sus tibiezas, precisaba el poder de un gesto fuerte, como levantar los ojos hacia esa luz que ciega hasta decir basta.'